El número sale antes de la decisión
Y es tuyo, medido sobre tu proceso, no un promedio de industria ni un caso de otra empresa. Lo que decide si se avanza es la diferencia entre dos mediciones que hicimos con tu gente delante.
Así se entra a trabajar con nosotros. No arrancamos con un proyecto de meses aprobado sobre una promesa: tomamos un proceso real de tu operación, medimos cómo funciona hoy, probamos el flujo con tus datos en un entorno controlado y volvemos a medir. Al día diez tienes los dos números —el de antes y el de después— y una recomendación escrita de avanzar o detenerte.
10 días hábiles un proceso, una métrica alcance e inversión fijos
No instalas nada ni migras nada. Nos conectamos a los sistemas que ya usas y el trabajo corre en nuestra plataforma, sobre Google Cloud.
Las dos salidas son entregas. Una de ellas te ahorra el proyecto.
Operaciones enterprise donde nuestro fundador trabajó.
Alguien presenta una propuesta, un plan de meses y un ahorro estimado. Se firma. El número real aparece al final, cuando ya no se puede volver atrás — y para entonces nadie anotó cuánto tardaba el proceso antes, así que tampoco hay contra qué comparar. Así es como una empresa termina con un sistema que funciona y sin forma de saber si valió la pena.
La Prueba de Valor invierte el orden: primero el número, después el proyecto.
Y es tuyo, medido sobre tu proceso, no un promedio de industria ni un caso de otra empresa. Lo que decide si se avanza es la diferencia entre dos mediciones que hicimos con tu gente delante.
Un proceso, una métrica, diez días hábiles. Ni el alcance, ni el plazo, ni la inversión se mueven durante la prueba. Lo que aparezca en el camino y no entre, se anota para producción.
Y esa también es una entrega. Si el valor no aparece, lo escribimos y te recomendamos no escalar. Preferimos perder el proyecto que sostener uno que no mueve el número.
Volumen, horas, errores, demoras y sistemas involucrados, más el responsable del proceso de tu lado. Queda una línea base acordada por escrito. Sin punto de partida no hay valor que probar, así que ninguna prueba empieza sin él.
Día 1El agente trabaja sobre una muestra real en un entorno controlado, en paralelo con tu equipo y sin ejecutar acciones finales: no manda, no factura, no cierra nada. Tu equipo verifica cada resultado relevante y lo que no coincide se corrige a la vista.
Días 2 a 8Medimos otra vez la misma métrica y ponemos los dos números uno al lado del otro. Si mejora, proponemos arquitectura, alcance y precio para producción. Si el valor no aparece, cerramos la prueba y te recomendamos no escalar.
Días 9 y 10Diez días hábiles son dos semanas de calendario, y el tiempo que le pedimos a tu equipo está acotado a dos momentos: la línea base del día 1 y las verificaciones de la semana del medio. El resto corre de nuestro lado.
Cómo funciona hoy el proceso, medido y por escrito: volumen, horas, errores, demoras. Es el documento que casi ninguna operación tiene, y el que vuelve comparable cualquier cosa que hagas después — con nosotros o sin nosotros.
La misma métrica, medida otra vez sobre la prueba controlada. Un número contra otro, con el método de medición explicado al lado para que tu gente lo pueda revisar y discutir.
Avanzar o detenerse, con el motivo. Si es avanzar, va con arquitectura, alcance y precio de producción. Si es detenerse, va con qué tendría que cambiar para que tenga sentido más adelante.
Ninguno de los tres es una presentación. Son documentos cortos que un directorio puede leer y alguien técnico puede auditar.
Lo que se estira en estos proyectos no es el trabajo: es el alcance abierto. Por eso la prueba se define entera antes del día 1, con las dos listas a la vista.
Incluye
No incluye
Lo que queda afuera no queda descartado: es trabajo real, y se hace después, en producción, cuando la evidencia dice que conviene hacerlo.
Cuanto más repetitivo y más medible, mejor. El reporte que alguien arma a mano todos los lunes es el caso ideal: pasa siempre, se puede contar en horas y el resultado se verifica de un vistazo. No empieces por lo más ambicioso, empieza por lo más frecuente.
Entra en una prueba si…
Todavía no entra si…
Si tu caso cae en la segunda lista, te lo decimos en la llamada y no abrimos una prueba. Es la conversación más corta y la más barata para los dos.
Antes de empezar definimos por escrito el proceso, la métrica, los accesos, los entregables y una inversión fija. Ni el alcance, ni el plazo, ni el precio se mueven durante la prueba, y no hay costos inesperados después. Definir todo eso es una llamada de 30 minutos, y esa no tiene costo.
No publicamos un monto único porque dos procesos que se parecen desde afuera pueden tener diferencias reales adentro: cantidad de fuentes, permisos, integraciones y excepciones operativas. Poner una sola cifra para todos los casos sería cómodo para nosotros y engañoso para ti. Por eso lo cerramos después de dimensionar el tuyo — y si preguntas en la llamada, se te responde ahí mismo, con el rango que aplica y sus condiciones.
El trabajo completo son tres etapas y van en orden: ordenar los datos, automatizar, y recién después aplicar IA encima. La Prueba de Valor no reemplaza ninguna ni permite saltearlas — es cómo se empieza, sobre el terreno que te toque.
Estás antes de la primera etapa. La prueba se hace sobre un reporte concreto, con una exportación acordada, y lo que muestre define el alcance de ordenar los datos.
Vas directo a automatizar. La prueba toma la tarea manual que más horas consume y muestra en diez días cuántas de esas horas dejan de hacerse a mano.
Sigue el trabajo de producción: la misma arquitectura, ahora sobre el volumen real y con las integraciones que la prueba dejó afuera. El alcance y el precio ya están en la recomendación del día diez, así que no hay que volver a cotizar desde cero.
¿Y si la prueba sale mal?
Te lo escribimos: la recomendación dice no escalar y explica por qué. Te quedas igual con la línea base y con la comparación, que es más de lo que tenías el día que empezamos. Ese resultado no es un accidente del método: es una de las dos salidas previstas.
¿Diez días hábiles es realista?
Lo es porque el alcance está cerrado: un proceso, una métrica, un entorno controlado. Si durante la prueba aparece algo que la desborda, lo anotamos para producción y la prueba igual termina en fecha. El plazo se sostiene recortando alcance, nunca recortando la medición.
¿Qué accesos hay que darles?
El mínimo necesario para el proceso acordado, con permiso individual por componente — o una exportación, si prefieres empezar así. Extraemos solo los datos que ese proceso necesita, nunca un volcado completo. Cada operación queda registrada, nada se usa para entrenar modelos, y los datos son tuyos: al terminar se te ponen a disposición y los accesos se revocan.
¿Cuánto tiempo le come a mi equipo?
Dos momentos: la línea base del día 1 y las verificaciones de la semana del medio. Lo decimos así de claro porque es la objeción real — nadie tiene una persona libre dos semanas. El resto del trabajo corre de nuestro lado.
¿El agente puede hacer algo sin que lo aprobemos?
Durante la prueba, no: trabaja en un entorno controlado y no ejecuta acciones finales. No manda mensajes, no factura y no cierra nada. En producción, lo sensible sigue pasando por una persona que aprueba, y esa regla se define con nombre y apellido en el alcance.
¿Esto es lo mismo que un piloto o una POC?
Se le parece en el tamaño y se diferencia en el final. Un piloto suele terminar en una demo que impresiona y no se puede comparar con nada. Esto termina en dos mediciones de la misma métrica y una recomendación escrita. Si al final tienes una demo linda y ningún número, salió mal.
Describe la tarea repetitiva que más horas consume, más errores genera o más frena a tu equipo. Te respondemos dentro de un día hábil, y en una llamada de 30 minutos sabemos si entra en una Prueba de Valor. Si no entra, te lo decimos ahí mismo y te ahorramos la quincena.
Acceso mínimo, solo los datos necesarios, y nunca se usan para entrenar modelos.